jueves, 27 de agosto de 2009

Historias de fonendoscopio. La consulta.

Esta es la historia de una puerta de color verde con un número cuatro pintado de azul en su lomo; y de como al abrirla, se aparece una pequeña habitación de paredes blancas plagadas de posters de estudios imposibles de comprender y de imitaciones de cuadros pintados por artistas famosos. En el fondo de la estancia, una pequeña ventana deja entrar a duras penas la luz del día ya mediado, para iluminar una mesa y una silla grande de color gris. Detrás de ella, dos taburetes y, al lado de éstos, un negatoscopio bajo el cual sobrevive una vieja camilla oxidada, vestida con una sábana blanca rayada de azul, sujeta sólo por una de sus esquinas a la superficie de imitación de cuero, y a punto de caer al suelo.

Es la historia de un médico vestido de verde sentado en la silla gris y de un residente de traumatología apoyado en la pared, de tres alumnos de sexto que hacen el rotatorio esta semana: dos de ellos sentados en los taburetes que escoltan la silla gris donde está sentado el médico -parecen dios, el hijo y la paloma- y el otro sentado en la desvencijada camilla después de salvar a la sábana de una inminente caída. La camilla amenaza con deslomarse por el peso de los cuerpos, el del alumno de sexto y el de la alumna de quinto que también está de prácticas y que agarra el micrófono y siguiendo las órdenes del médico grita (hija, que es un micrófono) MATILDE VALIENTE TETILLA CONSULTORIO CUATRO y aguanta la risa que se les ha escapado a los otros cinco mientras compiten por el poco oxígeno que hay en la habitación.

Toc, toc... ¿Se puede?.. Adelante ¿qué le pasa?.. Ay doctor me duelen mucho las piernas, digo yo que son los nervios y mi marido me ha dicho que venga a verle... Descúbrase y túmbese en la camilla... y el alumno de sexto y la alumna de quinto se levantan para que la señora se tumbe y se apoyan en la pared de enfrente no sin antes pisarse y pedirse perdón y pedírselo a la hija de la paciente a la que también han molestado.

Le duele ahí... Ay hay que ver cómo me duele... Usted qué opina doctor... Es artrosis, Matilde, que ya va siendo mayor... Ring, Ring... Perdone... Dime... No, no, sí, mañana a las doce y media opero unos juanetes... Sí, yo solo... Joder, yo qué sé... Venga, sí... Este es su tratamiento, Matilde... Sí, doctor, bien... Deje el antibiótico, se toma cuatro semanas más el calcio y una semana más el antiinflamatorio, ¿de acuerdo, Matilde?.. Sí, doctor, gracias doctor, adiós doctor... Adiós Matilde...

Toc, toc... ¿Te importa ver a un recomendado? Es que es un amigo de mi padre y tiene un esguince feo, mira... Pasa, anda. De acuerdo, pero tengo treinta, voy por el segundo que estaba citado a las ocho y media porque se ha equivocado el ordenador de admisión y son las once y a la una tengo clase, pero que pase...

... Hola, ¿le duele?... Sí... Vaya a yesos y que le pongan una férula...

Carmelo Jiménez Luces consultorio 4... Hola, ¿qué le pasa?.. ¿Qué que me pasa? Que quiero saber por qué llevo esperando ahí fuera como si fuera ganado más de dos horas... Lo siento, pero el problema no es mío si no... Ring, ring... Perdone, sí, vale... Lo siento, tengo que ir a la sala de yesos, ahora vuelvo (se cierra la puerta verde).

Hola, doctor, es sólo un momento, quiero presentarle un nuevo producto... Ahora no tengo tiempo, de veras... Mire, es muy barato y si receta un veinticinco por ciento de lo que le deje, le financiamos el ochenta por ciento de un ordenador portátil y... Vale, vale, démelo... Gracias, adiós... Adiós...

Ya estoy aquí, me decía que había estado esperando dos horas... Sí, bueno... Ahora se han convertido en dos horas y media... Pues es que no tiene nada, le duele sí pero no es nada... Vaya a su médico del seguro si no me cree...

Toc, toc... Doctor, soy yo de nuevo, Matilde. Es que creo que no me he enterado bien del tratamiento... Tenía que dejar ya el antiinflamatorio y el calcio la semana que viene y tomar estas pastillas rosas cuatro semanas más ¿no?.. Alguno se lo podéis explicar, por favor, para que pueda seguir la consulta...

... Por favor... Gracias... Está bien... Me decía que le dolía la cadera... ¿Qué opináis vosotros?... Venga, decid algo, que lleváis toda la mañana sin abrir la boca... Y tú, señor residente, ¿qué me dices?.. Sí, claro... No, adiós... Toc, toc... Ring, ring... Vale... Yesos, una férula... No es culpa mía... Adiós... Gracias... ¿Otro recomendado, Mateo?.. ¿Un representante?..


... Y así transcurre, tranquila y templada, la mañana tras esa puerta de color verde con un cuatro pintado de azul en su lomo.

1 comentarios:

Aura dijo...

Me quedo con Matilde: puedo ver perfectamente su cara de no me he enterado de nada al salir de la consulta. ¿Cuántas veces culpabilizamos al tiempo de no hacer bien las cosas? Y digo yo que si tras la puerta verde el médico hubiese explicado un poco más adecuadamente a Matilde cómo hacer su tratamiento e, incluso, se lo hubiese dejado por escrito (con letra legible) probablemente hubiera ahorrado interrupciones y consecuentes pérdidas de tiempo posteriores.
Hace tiempo, cuando estaba en la facultad, fui a una conferencia de un profesor de Periodismo de la Autónoma de Madrid. De todo lo que dijo, hubo algo que me impactó y de lo que todavía me acuerdo: respondo todos mis mails y atiendo siempre a mis alumnos y a los otros profesores porque no tengo tiempo. Si tuviera tiempo a lo mejor lo perdería; como no lo tengo, no puedo perderlo.

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