El problema era que tenías que seguir escogiendo entre lo malo y lo peor hasta que al final no quedaba nada. A la edad de 25 la mayoría de la gente estaba acabada. Todo un maldito país repleto de gilipollas conduciendo automóviles, comiendo, pariendo niños, haciendo todo de la peor manera posible, como votar por el canditato presidencial que más le recordaba a ellos mismos.
Leído en La senda del perdedor, de Charles Bukowski.



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