Esta película ya la hemos visto antes. Y varias veces. Pero sigue teniendo el mismo exito, es lo que pasa con las fórmulas clásicas, chica conoce a chico y todo eso. Nunca te cansas de verlas, aunque ya sepas el final.
Después del gran éxito de Viagra, y de los mismos directores, se aproxima lo que puede ser el siguiente gran estreno de la temporada: el Trastorno del Deseo Sexual Hipoactivo (o TDSH, que en siglas todo queda más técnico). Todo apunta a que va a convertirse en un clásico al instante. Para ello tendrá que seguir los pasos clave, a saber. Primero se define el problema de una forma vaga y poco precisa, se le da un nombre con gancho (TDSH), se pagan unos cuantos congresos para que algunos expertos hablen del tema y salgan en la prensa seria, dando a entender que se trata de algo importante que merece la atención de la medicina, y de paso se difumina la distinción entre enfermedad grave y transtorno leve. Ya tenemos el drama, ahora nos falta el protagonista: ¿cuántas mujeres sufren en silencio esta enfermedad? Vamos, sin complejos, pongamos un 25-30%, o mejor, ya puestos una de cada tres, ¿por qué no? Tampoco hay que olvidar destacar que los médicos no detectan esta enfermedad en la mayoría de los casos; por eso se explica en qué consiste de forma que todo el munco pueda reconocerla. ¿Y quién va ayudar a nuestras protagonistas? El héroe, en forma de científico serio y respetable que encuentra, tras largos años de estudio, la solución en forma de pildorita de colores: la flibanserina. Ahora hay que luchar contra todo tipo de adversidades (conflicto, tensión narrativa) para convencer a todo el mundo de los grandes beneficios del fármaco nuevo. Y claro, nos falta el malo: siempre puede aparecer algún incrédulo hablando de la medicalización de la vida, etc, etc.
¿Demasiadas películas? Puede ser.
Por cierto, la foto -que tiene tela- está sacada de la noticia en La Razón. Un gran artículo con frases como "Distintos investigadores y farmacéuticas llevan años buscando esa «viagra» para ellas que las ponga calientes" o esta otra "Y mientras avanza la ciencia en busca de la pócima de la libido eterna,..." Pura poesía, vamos.

Después del gran éxito de Viagra, y de los mismos directores, se aproxima lo que puede ser el siguiente gran estreno de la temporada: el Trastorno del Deseo Sexual Hipoactivo (o TDSH, que en siglas todo queda más técnico). Todo apunta a que va a convertirse en un clásico al instante. Para ello tendrá que seguir los pasos clave, a saber. Primero se define el problema de una forma vaga y poco precisa, se le da un nombre con gancho (TDSH), se pagan unos cuantos congresos para que algunos expertos hablen del tema y salgan en la prensa seria, dando a entender que se trata de algo importante que merece la atención de la medicina, y de paso se difumina la distinción entre enfermedad grave y transtorno leve. Ya tenemos el drama, ahora nos falta el protagonista: ¿cuántas mujeres sufren en silencio esta enfermedad? Vamos, sin complejos, pongamos un 25-30%, o mejor, ya puestos una de cada tres, ¿por qué no? Tampoco hay que olvidar destacar que los médicos no detectan esta enfermedad en la mayoría de los casos; por eso se explica en qué consiste de forma que todo el munco pueda reconocerla. ¿Y quién va ayudar a nuestras protagonistas? El héroe, en forma de científico serio y respetable que encuentra, tras largos años de estudio, la solución en forma de pildorita de colores: la flibanserina. Ahora hay que luchar contra todo tipo de adversidades (conflicto, tensión narrativa) para convencer a todo el mundo de los grandes beneficios del fármaco nuevo. Y claro, nos falta el malo: siempre puede aparecer algún incrédulo hablando de la medicalización de la vida, etc, etc.
¿Demasiadas películas? Puede ser.Por cierto, la foto -que tiene tela- está sacada de la noticia en La Razón. Un gran artículo con frases como "Distintos investigadores y farmacéuticas llevan años buscando esa «viagra» para ellas que las ponga calientes" o esta otra "Y mientras avanza la ciencia en busca de la pócima de la libido eterna,..." Pura poesía, vamos.



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