domingo, 24 de enero de 2010

Cosas de la edad. Si un médico bueno no encuentra la solución...


Hola, doctora. Vengo a contarle que anoche tuve un dolor de estómago muy fuerte que tardó mucho en quitárseme, y eso que me tomé el papelillo que tengo para estos casos. Uf, qué malito estuve. Pero vamos, que ahora estoy bien. Y no se preocupe usted, doctora, que se lo cuento para que lo sepa. Pero que yo sé que usted no va a poder hacer nada para quitarme el dolor. Porque a mí ya me han visto muchas veces muchos médicos del hospital y me han hecho muchísimas pruebas y no me ha encontrado nada. Y como dice un amigo mío: si un médico bueno no te soluciona un problema, un médico malo tampoco lo hará. No se ofenda usted ¿eh? Que yo le tengo mucho aprecio y la valoro mucho, ya lo sabe. Pero vamos, que si los del hospital no me han encontrado la solución pues usted tampoco lo va a hacer. Así que ya me voy, que no la quiero molestar más con mis historias. Que tenga buen día.

6 comentarios:

Anónimo dijo...

Directamente insultante. Es para decirle al paciente que se vaya a la mierda
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Ahora bien. Si el paciente lo que quiere decir es que su patología crónica ya ha sido ampliamente estudiada, que no se ha llegado a un diagnóstico y que lo que solicita es tratamiento sintomático, no me parece tan mal.
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Esa explicación la damos muchas veces en urgencias ante un paciente con, por ejemplo, un dolor articular de décadas de evolución que consulta por dolor. Tras descartar patología aguda sobreañadida decimos: eso es crónico, ya se ha estudiado, yo no voy a aclarar ahora más, analgesia y para casa.
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Sin embargo, creo que el paciente, lo que realmente quería decir es que hay una medicina buena, en el hospital, con medios y médicos competentes; y una medicina mala, recetera, con médicos peores.
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Por supuesto, no estoy de acuerdo con el enfermo. Pero creo que eso es lo que piensa, y no sólo él, sino muchos otros enfermos. Por desgracia.

enrique gavilan dijo...

Hemos discutido el tema de la imagen social de la medicina de familia en un post de hace dos días, con el video-corte de la inefable serie Hospital Central. En esto, como en otras cosas, habrá un poco de todo: por un lado no hemos sabido prestigiar nuestro trabajo, por otro lado el sistema de jerarquías heredadas nos sitúa siempre en un segundo plano detrás de los "especialistas" y luego nuestro trabajo no es espectacular ni utiliza tecnologías de última generación y por tanto no fascina.
Creo que es hora que hagamos un planteamiento serio que acabe con esto.
Aura, no desesperes. Igual este paciente que te aprecia aunque no valore tu profesionalidad un buen día te ve con otros ojos y confía en tí. Probablemente en cuanto le resuelvas una papeleta y de repente se percate de que eres competente.
Besos,

Anónimo dijo...

Algunas series de televisión sí han destacado la importancia del médico de familia, sobre todo destacando el trato humano, la cercanía a sus pacientes, su implicación en sus problemas. Por ejemplo, Médico de Familia (creo que ese era el título, de Emilio Aragón) y Doctor Mateo.
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Ésta última, aunque es una caricatura burda, con una total falta de respeto hacia el médico por sus pacientes y su auxiliar, en algunos capítulos se destaca cómo el médico puede ayudar a sus pacientes (incluso salvar vidas) en una consulta de primaria.

Anónimo dijo...

Por otro lado, creo que muchas veces tenemos lo que nos merecemos.
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La mala fama de la Atención Primaria debe hacernos pensar en qué parte de culpa tenemos en lo que ocurre.
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A veces la mala fama está justificada cuando hay un médico que no trabaja bien, por los motivos que sean (quemado, poca formación, dejadez, ...).

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Entiendo que se ha llegado a una situación horrible, con una carga burocrática brutal, un número de pacientes inasumibles, nulo apoyo por enfermería, etcétera.
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Ante esto, se puede luchar, pelear, enfadarse, intentar cambiar las cosas, ... , pero también comprendo al que tras años de lucha tire la toalla y diga no puedo más.
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En cuanto al caso particular que se expone en el blog (un paciente impertinente que te dice en toda la cara que eres un don nadie), mi opinión es que eso NO SE PUEDE ADMITIR. A veces tenemos que pasar por alto ciertas cosas, pero yo en esta situación no me hubiese callado. La sociedad española, a mi parecer, cada vez tiene menos respeto (hacia todo, no sólo hacia los médicos). Pero hay ciertas cosas que no se pueden admitir y creo que ahí todos deberíamos estar a una.

Enrique Gavilán dijo...

Hola, Anónimo. Gracias por tus comentarios (entiendo que eres la misma persona).
No sé hasta qué punto la serie de Emilio Aragón refleja nuestro trabajo o lo que significa ser médico de familia. Recuerdo poco la serie, y es verdad que a veces sí que transmitía humanidad con el paciente. Pero, repito, por lo que recuerdo no refleja mucho lo que es la AP. La otra serie no la conozco, así que no opino.
Sobre la situación de Aura, está claro que no se puede admitir. No sé cuál fue la reacción de Aura, aunque me la imagino, no sé cuál es la reacción que yo hubiese tenido, y no sé cuál es la que propones. Por mi experiencia, las veces en que, indignado, le he transmitido al paciente que no era aceptable su desprecio, lo único que he conseguido es más desprecio, y ni un sólo atisbo de empatía. Lo cual hace que te quemes un poco más. No merecemos esto.
No es representativo, no son todos los pacientes así, por suerte, y esto tampoco ocurre todos los días (aunque todos percibimos que es un fenómeno en alza).
Creo que resulta más beneficioso transmitir asertivamente que no estamos de acuerdo con su apreciación y dejar el tema ahí. Ya tendrás tiempo de demostrarle tu valía. Aunque esto, en medio del calentamiento y la indignación del momento, no es fácil...
Me gusta tu propuesta de unidad. El colectivo de médicos es uno de los más insolidarios y egoistas que existe. Cuando ocurre una cosa como esta a un compañero habitualmente no le prestamos ni un segundo de nuestra atención ni de nuestro apoyo.
Un abrazo, anónimo, y de nuevo gracias.

Aura dijo...

Hola a todos. Lo cierto es que la situación fue desconcertante. Pero cuento con una ventaja: conozco de más tiempo al señor en cuestión y sé que realmente me aprecia. Esto no le exime de cierta responsabilidad pero sí que me permite no responder mal ante sus palabras. No me enfadé cuando me dijo eso. Simplemente le sonreí y le dije que entendía lo que me decía, que tal vez yo no pudiera ayudarle, pero que tal vez sí, que cuando quiera tratábamos el tema. Se fue de todos modos sin permitirme indagar más en su problema. Probablemente sigue convencido de que no formo parte de los médicos buenos, no por nada sino porque trabajo donde trabajo, o mejor dicho, porque no trabajo donde no trabajo. Me duele un poco, pero el enfrentamiento no es solución. Sí lo es, a mi entender, trabajar para demostrar lo que soy: médico de familia convencida.

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