martes, 5 de enero de 2010

Tratamiento del dolor, derecho de la humanidad. Pero ¿qué tratamiento?


Creo que nadie puede negar que el dolor es una de las percepciones más inhumanas que puede una persona experimentar. Y también es cierto que es impropio de las alturas de siglo que estamos que siga habiendo gente que sufra hasta morir comido por el dolor, a pesar de que conocemos remedios para ello. Tanto es así, que los hay que llegan a proponer que sea considerado el quinto signo vital que todo médico deba recoger a la hora de valorar un paciente, junto con la temperatura corporal, la frecuencia del pulso, la presión sanguínea y la frecuencia respiratoria, algo que hasta Wikipedia recoge. Incluso los hay que se atreven a proponer que el tratamiento del dolor sea considerado como un "derecho humano", como lo son la libertad, la justicia y la paz.

Algo parece estar moviéndose en torno a este molesto y cruel síntoma. Y es que se ha creado recientemente una plataforma llamada "Sin Dolor", por dos Fundaciones, la de Investigación en Salud (FUINSA) y la de Grünenthal. En su puesta en escena, auspiciada por el Ministerio de Sanidad y algunas sociedades científicas, incluida la semFYC, hacen pública la "I Campaña de Sensibilización de la Importancia del Dolor" y hace suyas las propuestas antes citadas.

Pero van más allá. Parece ser un clásico recurrir a dos cosas: aludir a lo mal que evalúan y manejan este síntoma los médicos de familia, a los que hay que sensibilizar con campañas de información y formación, y citar las bondades de las unidades especialidades del dolor, que son las que de verdad saben tratar el tema como se merece. Juzguen si no ustedes mismos:

A pesar de que nueve millones de españoles sufren dolor crónico, sólo el 10% de los facultativos de atención primaria emplean escalas de medición del dolor para su mejor abordaje terapéutico. Un problema que provoca que hasta en la mitad de los casos ese dolor pueda llegar a ser un síntoma mal tratado.

(...)

Y es que el 83% de los españoles que padecen dolor crónico son atendidos en el ámbito de la atención primaria y no en unidades especializadas de dolor. Allí sólo el 10% de los médicos usa herramientas como la EVA (Escala Visual Analógica, instrumento validado para la evaluación del dolor).

No parece que la presencia de una sociedad científica de medicina de familia como es la semFYC haya evitado que la plataforma justifique su campaña aludiendo a lo mal que lo hacemos los médicos de familia para barrer para su propia casa...

Y si por esto no fuera poco, para cerrar el círculo que completa la estrategia medicalizadora, el fármaco salvador, como no. En El País no se cortan para hacer publicidad directa-encubierta de un medicamento, es este caso uno que está por venir, como modo para ir "abriendo mercado". Se trata del Tapentadol, aprobado en EEUU para el dolor moderado-grave agudo el año pasado y recién aprobado también para el dolor crónico. ¿A que no saben de quién es la molécula? ¡Efectivamente, de Grünenthal! Su nombre comercial en EEUU es Nucynta. Tiene dos mecanismos de acción complementarios, pero no deja de ser un opioide más que, por lo que se ve en los primeros ensayos clínicos publicados, no obtiene un balance beneficios-riesgos muy favorable salvo por el hecho de haber presentado hasta la fecha menos efectos adversos que sus análogos.

Sin embargo, en la prensa ya lo presentan como un medicamento que marcará un antes y un después en el control de ese problema. (...) Se inicia una nueva era en el manejo difícil del dolor agudo y crónico.

¿Para cuándo los periódicos se tomarán en serio eso de hacer declaración de conflicto de intereses?
(Imagen extraída del blog "Se busca cholo")

7 comentarios:

Chocapic dijo...

Joer de vergüenza. Cada día me entran ganas de leer menos la prensa.

primalux dijo...

Sí que es una vergüenza. Que mal!

Pepe Martinez dijo...

Es curioso cómo se mezcla todo en la coctelera con intereses puramente económicos.
Todos queremos que nos alivien el dolor insoportable y, efectivamente, hay fármacos para ese tránsito, pero afirmar que se puede vivir permanentemente sin dolor es una demagogia indecente e interesada.
Comprender que el dolor crónico debe llevar paralelo una medicación ajustada a la escala de dolor y que, cuando es leve, es mejor no medicalizarse para evitar los efectos indeseables, es algo que los médicos de familia tenemos muy claro pero parece que las Unidades del Dolor desconocen. Se dedican a hipermedicalizar a los pacientes con carácter permanente independientemente de la intensidad.
Eso sí, es más fácil medicalizar que entretenerse en explicar la escala del dolor y las consecuencias del exceso de fármacos.
Las Unidades del Dolor son una habitat muy interesante para la industria farmacéutica.

Aura dijo...

El tratamiento de un síntoma tan subjetivo es más que complejo. Cada persona siente el dolor de una forma particular diferente a como lo puedan sentir los demás. Y por tanto, los tratamientos nunca podrán ser iguales.
Ejemplos que me suceden en mi trabajo: una señora viene a hablar conmigo a contarme su dolor de espalda casi todos los días y normalmente rehúsa que le dé fármacos pues dice que simplemente hablando se le alivia. Otra señora, sin patología aparente, precisa muy deversas atenciones (fármacos, fisioterapia...) y dice no estar bien nunca. Como estos casos, y similares, muchos.
¿Qué hacer? Intentar adaptarnos a las necesidades de cada uno y no darnos por vencidos cuando no damos a la primera con la actuación adecuada. Y siempre, ponernos en el lugar del otro.
Que de esto se hable en un medio de comunicación de masas de una forma sesgada no deja de ser una frivolidad. Y yo me pregunto: de salud porque "sabemos" un poquito, pero cuántas cosas leeremos o escucharemos en estos mismos medios sobre mil temas que no dominemos y que nos creeremos a pies juntillas como puede hacer un ciudadano cualquiera con los temas sanitarios.

Cristóbal Buñuel Álvarez dijo...

La prensa no es inocente. No se puede generalizar, desde luego, pero la Industria farmacéutica sabe que el camino más directo para llegar (y en algunos casos manipular...) a la población es por medio de la prensa.

Había un post quie leí en el blog El Supositorio que describía esto muy bien:
http://vicentebaos.blogspot.com/2009/12/la-agitada-vida-social-de-un-periodista.html

Tan lamentable como real.

Anónimo dijo...

Querido Enrique,

Me parece muy interesante su opinión acerca de los intereses ocultos en la promoción de noticias en los medios. Esta es una realidad innegable.

Como es una realidad innegable que la gran mayoría de los médicos de atención primaria no diagnostican correctamente el dolor crónico. Esto es algo que ocurre en España, el Reino Unido, Europa en general o Estados Unidos en particular. De hecho es una lacra más con la que los pacientes, a los que a veces se acusa de "inventarse el dolor" tienen que lidiar. Como podrá comprobar usted mismo si se pone en contacto con cualquiera de las muchas asociaciones contra el dolor crónico que existen en todo el mundo o habla con personas que padezcan esta enfermedad.

yo como periodista asumo mi parte, la de los intereses ocultos, usted como médico asuma la suya: la mayoría no diagnóstica bien esta dolencia.

Un saludo,

Enrique Gavilán dijo...

Hola, Anónimo,
Lo que pretendía con la entrada era llamar la atención sobre una cuestión que entiendo que nos preocupa a los profesionales sanitarios, como es la generación de expectativas sesgadas a la población general respecto al efecto de un medicamento que está a punto de ser comercializado en nuestro país. Como comprenderá, los profesionales sanitarios tenemos como cometido no sólo hacer una correcta valoración de un problema, como usted nos recuerda, sino también ofrecer soluciones realistas, basadas en pruebas científicas y no en intereses comerciales. En este caso, el problema es que el medicamento en cuestión es efectivo si se le compara con placebo, pero igual de efectivo que otros medicamentos de su escala terapéutica, no más. Su principal ventaja es que parece ser que tiene menos efectos adversos que sus "familiares" (y digo "parece ser" porque la seguridad de un medicamento no se puede terminar de establecer con los estudios en fase III, que son los realizados hasta la fecha, sino más adelante, cuando haya estudios en fase IV y, sobre todo, con el uso del mismo acogiéndose al sistema de farmacovigilancia, que es cuando suelen aparecer los efectos adversos más graves que motivan las retiradas de los medicamentos), y no tanto sus beneficios. En definitiva, no podríamos decir nunca que se trata de un medicamento "revolucionario" que "vaya a marcar un antes y un después". Por ética profesional no podemos caer en esa trampa, porque el paciente no merece ser engañado de esa manera.
Por otro lado, cita usted que no valoramos los médicos adecuadamente el dolor. Le pregunto una cosa: ¿Se trata de una suposición o de una afirmación emanada de algún estudio? Si es lo primero, le rogaría matizara su comentario de que se trata de una "realidad innegable". Si por el contrario hay estudios que avalan esa afirmación, por favor apórtelo y lo discutimos, si usted quiere. Ahora, eso sí, para favorecer el cara a cara sereno y en igualdad de condiciones, por favor, identifíquese como yo lo hago. No se tome esto como un reto, sólo le pido amablemente que aporte pruebas si las tiene y que nos muestre su identificación, si lo cree oportuno.
Si se da cuenta, en cada cuestión, cada dato que aporto en mis post, suelo asociarlo a un link en el que se puede comprobar lo que digo. Porque una cosa son las opiniones y otros los datos.
Si nos movemos en las opiniones, puedo decirle la mía: creo que hay médicos que no sabemos valorar bien el dolor en determinadas circunstancias y con ciertos pacientes, pero la mayoría sí que lo hacemos. Hay pacientes a los que desgraciadamente no sabemos valorar bien el dolor, y si esto ocurre otorgarle toda la responsabilidad al médico me parece cuando menos arriesgado y ciertamente irresponsable. Y voy más lejos: hay cantidad de circunstancias que modulan el curso del dolor que sí que sabemos tener en cuenta los médicos, sobre todo los de Atención Primaria. Otra cosa es que la sociedad no sepa valorar nuestra función y nuestro valor dentro del sistema sanitario.
De todas formas, por supuesto, hay mucho que mejorar, yo el primero, sin dudarlo. Asumirlo y ponerse a ello no debe constituir ningún problema. Es precisamente el objetivo que perseguía con esta polémica que no buscaba pero que nos hemos encontrado, y de la cual TODOS podemos aprender.

Gracias

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