(Extraño: De nación, familia o profesión distinta de la que se nombra o sobrentiende, en contraposición a propio)
Capítulo cuatro: La ley del silencio
Conforme pasan las semanas tengo más claro la verdadera razón de mi presencia aquí. Me han contratado para repartir abrazos. Es un acto que encaja con mi fenotipo y con mi estado de ánimo tres de cada siete días, así que lo único que resta es organización y dejarse llevar.
Si uno rasca lenta y cuidadosamente la superficie de los problemas, descubre con creciente interés que el foco principal de los conflictos suelen ser situaciones mal resueltas de relación entre personas (como diría Groucho, supongo que eso abarca a la mayoría); que detrás de meses de trabajo encasquillado y buenos proyectos que se van al carajo, hay alguien dolido.
No es mi pretensión enjuiciar estos asuntos, porque a quién más quién menos lo que le duele es lo suyo, por insignificante, bobo o inmaduro que parezca desde fuera. Pero sí que hay una inercia tremendamente arraigada en etiquetar, juzgar y condenar sin demasiadas pruebas y en menos tiempo del que lleva remover el azúcar en un café. La mayor parte de las corrientes de opinión se gestan de esta manera, arbitraria y eficaz, y se propagan por los distintos servicios a velocidades ultrasónicas. Es imposible que Fulano haga esto, ni siquiera intentes hablar con Mengana. Las leyes no escritas densifican el aire que respiramos, pesan.
Luego resulta que Fulano no hace porque han fallado los cauces de comunicación y que Mengana, como nadie habla con ella, necesitaba sentirse escuchada. Es verdad que sería interesante separar lo personal de lo laboral pero en mi cortísima experiencia, ambos aspectos caminan de la mano. Para retorcérsela a la menor oportunidad.
Hasta el momento la terapia de abrazos está dando frutos desiguales. He sufrido un par de agresiones y tengo sobre la mesa un puñado de demandas por acoso laboral, algún anónimo y una invitación a cenar.
Será cuestión de tiempo.
miércoles, 1 de diciembre de 2010
Memorias de un coordinador extraño
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2 comentarios:
Me uno a lo de repartir abrazos, no sé si solucionará algo pero ayuda...
;-) un abrazo o dos...
Todo ayuda, sin duda...
Un abrazo!
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