jueves, 27 de enero de 2011
El ombligo de Venus
A veces llueve. Y en el Hostal Los Montecarlos, un caserón arropado por castaños y solo en lo alto como un suicida frente al viento en un acantilado, os dieron de comer con las paredes desconchadas, los cristales rotos y las puertas verdes. En el techo de madera se oían pasos. De pronto, del piso de arriba por las escaleras, entre el flan de queso y el café, apareció el camarero y detrás de la barra con un violín en las manos comenzó a tocar. Uno de los médicos, al verle, apuró la borra del cortado, se levantó raudo y, echándose al hombro una gaita, se unió a la melodía. Al ritmo acelerado de la música, varios de los comensales, puestos en pie, iniciaron una danza alegre. Del suelo de tierra levantaban polvo y risas. Después, en el camino de regreso al centro de salud, Leo te explicó que el envés del ombligo de Venus se usaba para mantener limpias las heridas.
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1 comentarios:
Me encantó esta breve prosa.
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