
Erase una vez, hace mucho, mucho tiempo, en un lugar muy, muy lejano, un país, en donde la gente tenía la costumbre de escupir por todos los lugares ya fueran al aire libre o interiores, incluyendo sitios de recreo común como los bares, restaurantes, transporte público etc, hasta tal punto llegaba la costumbre que en todos los sitios públicos existían escupideras para que la gente no escupiese al suelo.
El gobierno de ese país, preocupado por la transmisión de enfermedades como la tuberculosis y por la mala imagen que del país y de sus ciudadanos se daba en el exterior, prohibió mediante una ley que se pudiese escupir en sitios de interior. Inmediatamente después de que la ley entrase en vigor hubo declaraciones de políticos que reclamaban su derecho a poder escupir en libertad y manifestaciones de hosteleros en contra de la ley porque decían que perdían clientela además de reclamar también su libertad para poder escupir en libertad, también a hubo un gran aumento de las ventas de las escupideras de exterior y de las estufas tipo hongo que pusieron en la puerta de los bares y restaurantes para que la gente pudiese escupir a gusto.
El gobierno de ese país, preocupado por la transmisión de enfermedades como la tuberculosis y por la mala imagen que del país y de sus ciudadanos se daba en el exterior, prohibió mediante una ley que se pudiese escupir en sitios de interior. Inmediatamente después de que la ley entrase en vigor hubo declaraciones de políticos que reclamaban su derecho a poder escupir en libertad y manifestaciones de hosteleros en contra de la ley porque decían que perdían clientela además de reclamar también su libertad para poder escupir en libertad, también a hubo un gran aumento de las ventas de las escupideras de exterior y de las estufas tipo hongo que pusieron en la puerta de los bares y restaurantes para que la gente pudiese escupir a gusto.


2 comentarios:
¿Los escupitajos los vendia el estado?
Pues, ahora que lo dices... a veces si ;-)
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