
"(...) en aquella noche de Febrero de 1912, en Berlín, al finalizar la representación del Cazador Furtivo, ópera de Carl María von Weber, Ehrlich comentaba impresionado entre sus amigos la escena en la que Caspar dice a Max, el guardabosques, que aquella bala mágica siempre acertaba en el blanco(...)". Han trancurrido casi 100 años y el concepto de "Bala Mágica" continúa siendo un desafío para la terapéutica farmacológica.
Hay una característica fundamental, entre otras muchas, que pone de manifiesto la calidad democrática del sistema electoral estadounidense: la financiación privada del proceso. Los candidatos necesitan grandes sumas de dinero que les permitan acceder a los medios de comunicación, puesto que, éstos últimos venden sus servicios al mejor postor. Antes de que comience la campaña, los principales candidatos ya han recaudado más de 100 millones de dólares que provienen, en gran parte, de empresas financieras (banca y compañías de seguros), empresas comerciales (grandes superficies) y, por supuesto, empresas manufactureras de la Industria Farmacéutica y asociaciones médicas, todos ellos incuidos dentro de lo que comúnmente se conoce como Corporate Class. No está de más decir que, todas aquellas voces críticas con el sistema económico, quedan automáticamente discriminadas y tienen muchas menos posibilidades de acceder al público.
Esta financiación privada del proceso electoral tiene, como es lógico, una gran repercusión sobre las políticas públicas de los partidos y, claro, sobre la política sanitaria. El hecho de que los candidatos más importantes reciban grandes sumas procedentes de compañías de seguros sanitarios privadas, explica que ninguno haya propuesto una financiación pública del sistema sanitario, que se caracteriza por ser privada y gestionada por dichas compañías de seguros. Este sistema es muy costoso: EEUU gastaba un 16% del PIB (2008) en sanidad, calculándose que alcanzaría el 20% en los 10 años consecutivos.
47 millones de personas no tienen cobertura sanitaria y no son suficientemente pobres para acogerse al Federal Medicaid (programa para pobres que atiende a menos del 20% de la población llamada "indigente médica" o, dicho con otras palabras, que no puede pagar sus facturas). Según algunos estudios, más de 100.000 personas mueren al año por no tener acceso a los servicios sanitarios por causas económicas; el 48% de los enfermos terminales expresan su preocupación acerca de cómo ellos, o sus familiares, pagarán las facturas médicas. Y ésta es precisamente la primera causa de bancarrota de las familias estadounidenses.
En respuesta, algunos candidatos proponen políticas públicas que atiendan a la creciente demanda de cambio (el 62% de la población desea que se garantice el acceso a los servicios sanitarios a través de una financiación pública); pero parece imposible alcanzar tal deseo debido, quizá, a la enorme infuencia que los grupos económicos, financieros y profesionales tienen en la vida política, entre los que ocupan un papel preponderante, las grandes empresas médicas y farmacéuticas.
"(...) el objetivo es (...) encontrar sustancias químicas con una afinidad especial por los microorganismos patógenos que, como balas mágicas, vayan directas en pos de sus objetivos..."
elpais.com
Chicago Tribune
Biografía de Paul Ehrlich.
Ilustración de Michal Dziekan.


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