martes, 24 de mayo de 2011

Medicamentos para prevenir las fracturas: realidad y ciencia ficción

La gente en general tiene fe casi ciega en la prevención. Si el acto preventivo tiene forma de aparato tecnológico o pastilla, más aún. Sin embargo, no todo el monte es orégano.

Los medicamentos que pretenden evitar las roturas del hueso derivadas del hecho fisiológico, normal, de perder su estructura, la temida osteoporosis, forman parte de ese arsenal de medicamentos preventivos en los que la gente habitualmente cree. Como quien cree en la virgen o en Messi.

Pero las cosas en medicina no deben funcionar como en la religión. Aquí no estamos para creer ciegamente en las cosas, aunque el componente no farmacológico de las medicinas siempre esté ahí y hay que tenerlo muy presente.

A lo que vamos. Si consideramos los resultados de los estudios incluidos en un metanálisis en el que se evalúa el efecto de los bifosfonatos, un tipo concreto de medicamentos "anti-fractura", en la prevención de fracturas de cadera, las más imposibilitantes y con mayor repercusión clínica y socioeconómica, resulta que reducen el riesgo sólo en un 32%. Habría que tratar a más de 150 personas para evitar una sola fractura de cadera... Eso es lo que dicen los estudios.

Pero en un reciente artículo publicado en el British Medical Journal defienden que a efectos prácticos, en la realidad cotidiana, dichas cifras son incluso inferiores. De hecho, lo calculan y el efecto neto no llega ni siquiera al 5%. ¿Porqué?

Se basan en que los estudios que se realizaron para conocer la eficacia de los bifosfonatos se hicieron en personas cuyas características son muy diferentes a los de la población que habitualmente sufre este tipo de problemas. O sea, que no son extrapolables los resultados de los estudios a la población general.

Por ejemplo, la mayoría de estudios incluyen a personas de edades comprendidas entre los 60 y 80 años, cuando este problema afecta sobre todo a partir de los 80 años. De hecho, los pocos estudios que se han hecho en personas por encima de esa edad desvelan que los bifosfonatos no son útiles para evitar fracturas de cadera en este grupo de edad.

"Del dicho al hecho hay un buen trecho", dice el refrán español. Pues aquí igual: de la eficacia a la efectividad hay un buen trecho. O dicho en palabras llanas: del ¿puede funcionar? al ¿de verdad funciona?, de la ciencia ficción a la realidad cotidiana, como en la fábula de la gallina de los huevos de oro, hay mucho mucho camino...

1 comentarios:

Lur dijo...

Me parece muy interesante que en este artículo se hable de fe. Esa es sin duda alguna la cuestión. La gente tiene fe en la medicina que es la nueva religión de este momento. Se consulta al médico como antes se consultaba al cura. Los médicos terminan opinando sobre educación infantil o sobre como hablarle al marido porque la gente se lo consulta. Y como en todo acto de fe lo que prima es la irracionalidad: aunque la actuación médica falle estrepitosamente o la medicación no sirva para nada la gente considera que está haciendo lo correcto. No existe por parte de los pacientes el deseo de tomar las riendas de la propia salud.

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